Como un reconocimiento a la importancia central que tiene en nuestros días la nueva economía institucional y ambiental, particularmente por sus aplicaciones a la gobernanza económica de los bienes comunes —como los bosques o la atmósfera—, puede considerarse el premio Nobel 2009 de economía otorgado a Elinor Ostrom y a Oliver Williamson. Ostrom es la primera mujer en ganar el premio Nobel de economía en los 40 años de historia de los premios del Sveriges Riksbank; el premio reconoce sus aportaciones en el estudio de la gobernanza de los bienes comunes. En el caso de Williamson, el premio responde a sus estudios sobre la gobernanza de las responsabilidades públicas de las corporaciones.
El especial interés en los estudios de gobernanza económica reside en la necesidad de resolver las fallas de mercado que generan costos sociales. La economía clásica plantea que, en la medida en que se deje en libertad la acción de los actores económicos para satisfacer sus intereses privados, los mercados orientarán el comportamiento de la economía de tal modo que se logren mejores niveles de bienestar social. No obstante lo anterior se cumpla medianamente en el caso de los recursos escasos, cuyo acceso restringido se expresa como precio en los mercados, en el caso de los recursos de libre acceso —los bienes comunes— los mercados fallan porque no asignan precios. Un ejemplo típico es el agua; otro son las pesquerías, historia de agotamientos y colapsos; otro más, global y de toda actualidad, la atmósfera.
El estudio de la gobernanza económica de los comunes se relaciona con la economía del bienestar de Cecil Pigou (1920), y el problema del coste social de Ronald Coase (1960). Pigou es considerado el primero en incursionar en la economía ambiental, por haber establecido la distinción entre costos marginales privados y sociales, así como por abogar a favor de la intervención del estado para corregir las fallas de mercado que generan degradación ambiental. Coase es considerado el padre del análisis económico del derecho ambiental y de la nueva economía institucional (NEI) y ambiental, así como del principio «el que contamina paga». En 1968, un biólogo llamado Garrett James Hardin publicó en la revista Science un artículo, «La Tragedia de los Comunes», que se convirtió en la referencia sobre este problema de la gobernanza de los bienes de libre acceso. Hardin contribuyó a comprender por qué es necesaria la privatización y la intervención del estado para restringir el acceso a los recursos naturales comunes (evitar la «tragedia»), pues si su gestión se deja en manos del libre mercado se agotan.
El enfoque de Pigou, Coase y Hardin, plantea que la única manera de controlar el acceso a bienes comunes es mediante la intervención del estado para establecer reglas claras, coercitivas, y con penalización en caso de incumplimiento. El premio Nobel de economía otorgado a Coase en 1991, por su teoría sobre el significado de los costos de transacción y los derechos de propiedad para la estructura institucional y el funcionamiento de la economía, constituyó un primer reconocimiento a la nueva economía institucional y ambiental que abogaba por lo anterior.
El premio a Oliver Williamson reconoce un esfuerzo interdisciplinario que integra la teoría económica con la teoría de la organización, a fin de entender cómo y cuánto los marcos normativos, legales e institucionales, que las corporaciones deben cumplir, determinan su comportamiento e influyen en el curso de la economía en su conjunto. Para Williamson todas las formas posibles de organización son imperfectas, por lo que es indispensable identificar y entender los factores claves que determinan diversas formas de gobernación, los equilibrios existentes o más deseables entre ellos, así como las fortalezas y debilidades asociadas a cada uno de ellos. Todo lo cual depende del caso en concreto, particularmente la escala y la cultura.
Por su parte, el premio a Elinor Ostrom es un reconocimiento de la prestigiada Fundación Nobel al descubrimiento de opciones comunitarias para coordinar la acción colectiva en la gestión de los comunes (pastizales, acuíferos, áreas pesqueras, manglares, etcétera), sin necesidad de privatizarlos o de la intervención del estado (considerada distorsionante de los arreglos institucionales o equilibrios comunitarios preestablecidos). Ostrom identifica una serie de condiciones claves para que la gestión de los comunes sea posible mediante instituciones comunitarias: la escala es local o regional, los actores son relativamente pocos y comparten una cultura, existe información, las reglas y las penas se acuerdan recíprocamente, y los costos de transacción son bajos.
Así, parece que el premio Nobel de economía 2009 contribuye a redondear los reconocimientos a los diversos enfoques de la economía del bienestar y la gobernanza económica de los bienes comunes. La gran aportación de Ostrom consiste en haber incluido en el análisis las excepciones a las generalizaciones de Hardin en pro de la privatización y de la intervención del estado. Ya Coase reconocía que cuando los costos de transacción son bajos, el acuerdo directo entre actores económicos puede hacer innecesaria la intervención pública en el gobierno de los comunes. Efectivamente, si en algunos casos la escala local y comunitaria puede ser suficiente para resolver la tragedia de los comunes, en lo general y ahora global parece indispensable la intervención del estado y, cada vez más, de una nueva institucionalidad global, como es el caso del combate al cambio climático, problema de gestión multilateral de un bien común global: la atmósfera terrestre.
Germán González Dávila
glocalfilia@prodigy.net.mx
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