Lo bueno, lo malo y lo feo
de Copenhague a México
       

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Martes 22 de diciembre 2009

Lo bueno, lo malo y lo feo
que Copenhague deja a México


Por Germán González Dávila

Concluyó la décimo quinta Conferencia de las Partes (COP15) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUC). El resultado fue el esperado: mucho ruido y pocas nueces. Todo el trabajo de científicos y técnicos, academias, oenegés, funcionarios públicos, diplomáticos y etcéteras, se resolvió durante los últimos dos días con una declaración política adoptada por 28 jefes de estado (que quedó sujeta a ratificación de las otras 165 Partes de la Convención). En el forcejeo mayor, los Estados Unidos como los malos de la película; China e India como los feos —por ampararse en el pretexto: «si tú ya influiste en el clima global, ¿por qué yo no tengo derecho a continuar el cambio de clima?»—; Brasil, como el bueno por hacerla de «puente» entre países industrializados y países en desarrollo; y Francia como promotor del mínimo acuerdo posible.

 

Parafraseando un artículo de Paul Krugman a propósito de la ley americana para la reducción de las emisiones de carbono, el presidente francés Nicolás Sarkozy expresó: «no tenemos algo perfecto, pero tenemos algo bueno»; ante la negativa de algunos en contra del pacto logrado —como Greenpeace y los pequeños estados insulares, entre otros. Puede reconocerse que lo bueno (aunque poquito) de este pacto es que incluye a los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo sin compromisos de reducción en el marco del Protocolo de Kioto: Estados Unidos, China, India y Brasil. Estos cuatro países contribuyen con alrededor del 48 por ciento de las emisiones globales anuales actuales, por lo que muy malo sería que no hubiesen quedado involucrados en este pacto mínimo.

 

Parece pues que vivimos tiempos en los que hay que hacer gala de flexibilidad y tolerancia, a fin de que todos los actores claves queden comprometidos en un gran acuerdo global hacia el futuro —que en nuestros días se expresa tanto en dólares como en lenguaje de cambio climático (bióxido de carbono, CO2). Porque Copenhague logró solamente la semilla de un compromiso general: evitar que la temperatura se incremente más allá de 2 centígrados hacia 2050. ¿Cómo lograrlo? ¿Con qué medios de implementación? ¡Ni una palabra! Todo queda para la ruta de Copenhague a México —México será la sede de la COP16 en noviembre 2010.

 

Organizar la COP16 es mucho compromiso y será muy complicado. La diplomacia mexicana pondrá a prueba su capacidad de liderazgo para tejer acuerdos durables en una materia de seguridad estratégica tan complicada como la energética, y cruzada por el cambio climático. Los técnicos de la Semarnat y otras Secretarías podrán apoyar, pero el problema es de liderazgo político en la escena global, no técnico. A la diplomacia mexicana corresponderá liderar (léase como mínimo: moderar con capacidad de orientación) el proceso para lograr un acuerdo negro sobre blanco (por escrito), que resuelva: 1º el sistema de apoyo multilateral para adaptarse globalmente a los impactos adversos previsibles del cambio climático (asunto que debiera ser el número uno en el posicionamiento de México en las negociaciones multilaterales); 2º las reglas para controlar las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI); 3º los instrumentos para la progresiva valoración económica global del carbono; 4º los mecanismos para el desarrollo y la transferencia de tecnologías bajas en carbono; y, 5º las plataformas financieras multilaterales para apoyar la mitigación y la adaptación.

 

¿Quién podrá asumir este liderazgo en México y desde México? La cuestión está en el aire. Porque líderes hay, pero no están en escena. El presidente tendrá que tomar decisiones pronto. Esperemos a ver qué nos trae de nuevo el 2010, ya que en Copenhague México brilló por su ausencia, excepto porque se dio a conocer que será la sede de la COP16 y por la expresión de gratitud que presentó al Reino de Dinamarca [http://unfccc.int/2860.php].

 

Mientras tanto, el problema continúa agravándose: la antroposfera se encuentra en desequilibrio termodinámico con la biosfera; ésta sufre una calentura por exceso de carbono en la atmósfera y en los océanos. El exceso de carbono ha sido provocado por la pérdida del 50 por ciento de la cobertura vegetal original del planeta, el agotamiento de todas las grandes pesquerías del mundo y, sobretodo, por el desenfrenado uso de energía concentrada en biomasa fósil: el petróleo y el carbón.

 

La información científica está a la vista y se encuentra por doquier; infinidad de sitios web la ofrecen gratuitamente. El desequilibrio del sistema humano con la biosfera se llama desertificación, pérdida de biodiversidad y cambio climático. La información es contundente, y la más avanzada indica que la reconocida por el IPCC (el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, de acuerdo con sus siglas en inglés) se queda corta en algunas de sus predicciones sobre fenómenos climáticos mayores. Por ejemplo la velocidad del fundido de los grandes glaciares terrestres, el ascenso del nivel del mar o los cambios climáticos a escala regional (donde el cambio de la temperatura media, así como la magnitud de los impactos adversos, puede ser mucho mayor o menor que la media global).

 

Sin embargo, no faltan bobos disfrazados de científicos o de piratas informáticos, que intentan crear todavía «ruido de fondo» en contra de la evidencia científica mundialmente reconocida sobre el cambio climático antropogénico. Así lo hicieron algunos «piratas informáticos» al iniciarse la COP15 el lunes 14 de diciembre, quienes presumieron «desenmascarar» correo electrónico entre investigadores involucrados con el IPCC, en el cual algunos científicos expresaban «dudas» o incluso «reconocían» haber manipulado datos para demostrar que el cambio climático es antropogénico, aunque no lo sea... Si usted conoce algún investigador que ostente esta posición, verifique, seguramente se encuentra entre las filas de los mediocres, a quienes sólo este tipo de desplantes disparatados logra rendirles algún tipo de visibilidad.

 

Porque veamos, ¿qué dicen los grandes detractores del cambio climático? Dicen que otras fuerzas, mayores, determinan el clima de la Tierra. Bueno, esto es totalmente cierto. Los principales cambios climáticos que ha sufrido la Tierra han sido causados por la evolución de la actividad solar (a escala de cientos o miles de millones de años), la tectónica de placas (a escala de continentes y océanos, en cientos de millones de años), las seculares variaciones orbitales de la Tierra (los ciclos de 140 mil años de Milankovitch), y los eventuales impactos de grandes meteoritos (como el que hace 65 millones de años provocó la extinción de los dinosaurios). Comparada a estas variables, el cambio en las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre constituye una variable menos fuerte, pero no por ello deja de ser la que determina el clima planetario mientras las otras, por su escala temporal y espacial, se mantienen prácticamente constantes para la vida de Homo sapiens. Y resulta que es en ésta, la composición de la atmósfera terrestre, en la que Homo sapiens ha intervenido —porque es la única en la que puede intervenir.

 

Los líderes mundiales van a paso de tortuga al encuentro de verdaderas soluciones al problema de la adaptación humana ante la crisis ambiental global —incluidos cambio climático, pérdida de biodiversidad y desertificación. El mundo continúa su inercia hacia escenarios «Mad Max» debido a la pérdida de sustentación ambiental. Mientras, Copenhague concluyó sin pena ni gloria; ya veremos qué pasa en México a partir del 1º de enero 2010, año centenario y bicentenario, hacia la COP16. En todo caso será todo un show, bueno, malo o feo... Ojalá que México encuentre la manera de aprovechar este ejercicio para posicionarse mejor en el mundo del futuro; es un problema de liderazgo.

 

       
Germán González Dávila
glocalfilia@prodigy.net.mx


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