Hasta el martes 9 de febrero, la información del sitio web http://unfccc.int de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) indica que 69 países han comunicado que adhieren al Acuerdo de Copenhague. De ellos 40 países, 13 desarrollados y 27 en desarrollo, han comunicado respectivamente sus compromisos de reducción de emisiones y de acciones apropiadas de mitigación; los otros 29 son también países en desarrollo pero que todavía no indican acciones de mitigación. Las emisiones de todos los países signatarios equivalen al 80.6 por ciento de las emisiones mundiales, en tanto que los 40 países comprometidos emiten el 58 por ciento (datos de http://cait.wri.org/). Puede pues reconocerse un avance significativo del proceso hacia la COP16 en México.
La mayor parte de estas emisiones, el 40.9 por ciento del total mundial, corresponde a los 56 países en desarrollo signatarios —entre ellos China (16.4%), Brasil (6.5%), Indonesia (4.6%), India (4.3%), México (1.6%), Corea del Sur (1.4%) y Sudáfrica (1%)—; en tanto que el 39.7 por ciento corresponde a los trece países desarrollados signatarios —entre ellos los EE. UU. (15.7%), la Unión Europea (12.1%), la Federación Rusa (4.6%), Japón (3.2%) y Australia (1.3%). Es decir, todos los pesos pesados han acudido a la cita, excepto los países petroleros.
Lo que estos 40 países han comunicado a la Convención (CMNUCC) implica una reducción de entre el 15 y el 20 por ciento, en 2020, respecto del escenario tendencial de crecimiento de las emisiones globales. Esto empieza a pintar optimista rumbo a lo necesario para lograr el punto máximo histórico de crecimiento tendencial de las emisiones globales e iniciar su declinación, antes del 2020, pero todavía es insuficiente para evitar que la temperatura promedio superficial global se incremente más de 2 centígrados.
El Acuerdo de Copenhague contiene doce compromisos: 1 evitar que la temperatura se incremente más de 2º Celsius y adoptar un programa mundial de adaptación; 2 lograr el punto de inflexión de la curva de crecimiento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI); 3 los países desarrollados proveerán recursos financieros adecuados a los países en desarrollo, a fin de apoyar el recambio tecnológico y la construcción de capacidades de adaptación; 4 los países desarrollados indicarán sus compromisos de reducción de emisiones para el 2020 en el Apéndice 1 del Acuerdo (antes del 31 de enero); 5 los países en desarrollo indicarán sus acciones nacionales apropiadas de mitigación hacia el 2020, en el Apéndice 2 (antes del 31 de enero); 6 los países desarrollados movilizarán recursos financieros hacia los en desarrollo para establecer un mecanismo de reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal (REDD); 7 continuará el desarrollo de mercados de carbono y de incentivos para economías bajas en carbono; 8 en total, los países desarrollados proveerán 10 mil millones de dólares a partir de 2010, suma que se acrecentará paulatinamente hasta alcanzar 100 mil millones en 2020; 9 se establecerá un panel de alto nivel que asegure las fuentes de financiamiento; 10 se establecerá el Fondo Climático Verde de Copenhague; 11 se establecerá un Mecanismo Tecnológico para asegurar la transferencia de tecnologías bajas en carbono; y, 12 la meta de largo plazo de 2 centígrados máximo se revisará en 2015.
Solamente cinco países —los EE. UU., China, India, Brasil y Sudáfrica— participaron directamente en la elaboración del Acuerdo de Copenhague; otros veintitantos acompañaron su presentación ante la décimo quinta Conferencia de las Partes (COP15), México entre ellos. Los doce puntos del Acuerdo de Copenhague parecen haber logrado un equilibrio adecuado entre las condiciones no negociables de los países desarrollados y aquéllas de los países en desarrollo. Lo central del Acuerdo aparece en los puntos 1 y 2. El compromiso de evitar que la temperatura superficial promedio global se incremente más de 2 centígrados, respecto de la temperatura preindustrial, tiene profundas implicaciones para los patrones de desarrollo. Y el compromiso de lograr el punto de inflexión de la tendencia global de crecimiento de las emisiones, antes del 2020, tiene mayores implicaciones por la rapidez con la que hay que transitar hacia una economía baja en carbono.
En el camino hacia la COP16 en México, la comunidad internacional debe consolidar este marco de referencia, lo cual implica precisar las reglas de cumplimiento de los nuevos límites a las emisiones de los países desarrollados, y de las acciones apropiadas de mitigación en los países en desarrollo.
En este contexto ¿qué oportunidades y desafíos se le presentan a nuestro país, en su calidad de país sede de la COP16? No se ve claridad en las acciones del gobierno federal para que México pueda sacar provecho de este complicado ejercicio. El comando para la organización de la COP16 debiera mantenerse en estrecha sintonía con la presidencia de la República. Sin embargo, a estas alturas del partido este comando no se ha constituido.
Los costos sociales del futuro, derivados de los impactos adversos de la crisis ambiental global, pueden reducirse; pero ello depende de qué tan pronto se logren las soluciones multilaterales adecuadas para reducir las emisiones globales y la vulnerabilidad de los sistemas humanos. La cuenta regresiva para la COP16 va que vuela (puesto que se realizará a fines de noviembre y primeros días de diciembre 2010), y México todavía no da señales de asumir los controles de esta crucial reunión...
Germán González Dávila glocalfilia@prodigy.net.mx *