Más allá de los mercados de carbono
mercados de nitrógeno y fósforo hacia un futuro sustentable
       

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Miércoles 24 de febrero 2010

Más allá del carbono, mercados de nitrógeno y de fósforo...


Por Germán González Dávila

 

El del carbono es uno de los principales ciclos biogeoquímicos de la biosfera, cuyo equilibrio ha sido roto por las actividades humanas que emiten gases de efecto invernadero; el resultado es el cambio climático antropogénico. Pero también los ciclos biogeoquímicos del nitrógeno y del fósforo se encuentran fuera de equilibrio. El desequilibrio se debe a que las emisiones antrópicas superan la capacidad de captura y reciclaje de la biosfera.

 

En el caso del carbono las estimaciones de la capacidad de captura y reciclaje de la biosfera son muy diversas, entre 3 mil millones a 20 mil millones de toneladas de bióxido de carbono [MtCO2] por año, mucho menos que las 40 MtCO2 que Homo sapiens emite año con año.

 

La magnitud de las emisiones humanas anuales de gases de efecto invernadero [GEI], o bióxido de carbono equivalente [CO2e], superan con mucho la capacidad de captura de la biosfera, lo cual generó un creciente excedente de concentraciones en la atmósfera. Conforme avanzaron la revolución industrial y luego el siglo XX, en sólo 200 años este exceso de CO2 en la atmósfera terrestre se incrementó hasta las 390 partes por millón [ppm] hoy día; casi 40 por ciento por encima de las 280ppm, que prevalecieron como límite superior durante los últimos millón y medio de años [hasta el periodo preindustrial, 1750 – 1800].

 

A mayor la concentración de GEI en la atmósfera terrestre, mayor el efecto invernadero y superior la temperatura superficial promedio de la Tierra. A mayor la temperatura promedio mayor la energía acumulada por ciclones, tornados y otros fenómenos meteorológicos extremos, que incrementan la vulnerabilidad de las poblaciones y las infraestructuras. Y también, a mayor la temperatura mayor la concentración de agua en la atmósfera y menor en tierras y suelos, con lo que se reducirá sensiblemente la capacidad de producción alimentaria y la disponibilidad de agua para consumo humano directo.

 

La información científica indica que si la temperatura promedio se eleva más allá de 2 centígrados, los costos sociales y económicos resultantes de los impactos adversos previsibles difícilmente podrán pagarse. Por ello la Unión Europea presentó desde 2008 la propuesta de meta global en términos de poner límite, antes que a las concentraciones en la atmósfera, a la elevación de la temperatura promedio global. El Acuerdo de Copenhague recoge plenamente este enfoque; ya veremos qué tanto la comunidad internacional logra traducirlo en esfuerzos contantes y sonantes a fin de evitar que la temperatura promedio global se eleve más de 2 centígrados.

 

Pero el rompimiento del equilibrio del ciclo biogeoquímico del carbono es solamente uno de los umbrales planetarios que Homo sapiens ha transgredido [Glocalfilia del 29 de septiembre 2009], gracias a su discutible capacidad industriosa y goloso consumo de energía, materiales e información, fundados en su vertiginoso crecimiento poblacional. Otros ciclos biogeoquímicos y umbrales planetarios han sido igualmente transgredidos por las actividades humanas. Entre estos se cuentan la destrucción parcial de la capa de ozono, la acidificación de los océanos [saturados de CO2], la perturbación del ciclo del agua y los recursos hídricos, el exceso de emisiones de nitrógeno y fósforo además de toda la contaminación química, y el cambio de uso del suelo a favor de manchas urbanas y grandes infraestructuras, todo lo cual incrementa incesantemente las tasas de extinción de la biodiversidad. El ciclo del nitrógeno se encuentra fuera de equilibrio debido a los millones de toneladas de N2 que se extraen de la atmósfera todos los años para fines agrícolas e industriales, y que terminan en los océanos y otros cuerpos de agua; algo parecido sucede con el ciclo del fósforo, pues también se vierten millones de toneladas anuales en los océanos.

 

Y he aquí que los norteamericanos —que nunca firmaron el Protocolo de Kioto pero fueron los primeros en establecer un mercado de emisiones en el mundo, de bióxido de azufre [SO2], a fin de controlar y evitar la lluvia ácida —que se forma cuando emisiones de óxido de nitrógeno y bióxido de azufre se mezclan al agua de lluvia—, ahora proponen un mercado de permisos de emisiones de nitrógeno y de fósforo en la bahía de Chesapeake, al noreste de los EE. UU.

 

La bahía de Chesapeake es el mayor estuario de los EE. UU. El exceso de descargas contaminantes de nutrientes, particularmente nitrógeno y fósforo, provenientes de granjas, áreas pavimentadas, plantas de tratamiento de aguas residuales y otras fuentes difusas, han obligado a que la Agencia de Protección Ambiental [EPA por sus siglas en inglés] de los EE. UU. la ubique en la lista de cuerpos de agua vulnerables. Esta contaminación de nutrientes es responsable de grandes emergencias de algas marinas que provocan permanentes zonas de muerte en la bahía. No obstante décadas de esfuerzos de restauración, la solución es insuficiente, los ríos que drenan hacia la bahía continúan transportando estos contaminantes a gran escala.

 

Esto que sucede en la bahía de Chesapeake, es ejemplar del estado en que se encuentran las zonas costeras aledañas a la desembocadura de los grandes ríos del planeta, tributarios de las mayores zonas agrícolas tradicionales y escenarios de los más grandes puertos mercantes e industriales del mundo. Todas estas zonas costeras se encuentran saturadas de contaminantes químicos, nitrógeno y fósforo.

 

En este contexto, en 2009 fue propuesta un Acta para la restauración del ecosistema y el agua limpia en Chesapeake, diseñada para proveer nuevos recursos y enfoques de restauración de la bahía. Uno de estos enfoques es el «comercio de nutrientes». o comercio de permisos de emitir nitrógeno y fósforo entre los principales actores [granjeros, otros productores, centros de tratamiento de aguas residuales, etc.] de la cuenca hídrica. Los que más emitan tendrán que comprar permisos sobrantes a los que menos emisiones acumulen por año; igual que en los actuales mercados de emisiones de carbono.

 

Pero si todavía falta mucho trecho para valorar plenamente el carbono en la economía global, más falta todavía para que la valoración económica del nitrógeno y del fósforo adquiera visibilidad y viabilidad. Los mercados pueden jugar un papel positivo en estos procesos de valoración del flujo de materiales a escala macro económica, sobre todo porque llaman la atención del sector financiero y bursátil.

 

La experiencia de aplicación de un esquema de permisos de emisión de nutrientes en la bahía de Chesapeake constituye un laboratorio de futuro; del tipo de medidas que habrá que globalizar si Homo sapiens quiere hacer prevalecer su soporte ambiental. Todo lo que la Convención Marco de las Naciones Unidas logre a fin de mitigar las emisiones de GEI a la atmósfera terrestre está y estará bien; pero si realmente queremos avanzar hacia un futuro sustentable, todavía falta buscar solución a la transgresión de otros umbrales planetarios. Al lado del ciclo del carbono, urge abordar el restablecimiento del equilibrio de los ciclos biogeoquímicos del nitrógeno y del fósforo…

 

 

 

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Germán González Dávila
glocalfilia@prodigy.net.mx

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